DESENCUENTROS


No he acudido mucho al Festival de Lima. Confieso que el trabajo me tiene absorbido. Sólo he podido ir a ver unas tres películas, lo que me ha permitido pasearme durante esos días por los siempre acogedores recovecos del Centro Cultural, reencontrándome con personas vinculadas al Encuentro que siempre es grato volver a ver. Estuve también en la fiesta en la Plaza Francia, lo que nuevamente permitió los acostumbrados reencuentros con gente vinculada al quehacer cinematográfico y el conocer nueva gente.

Es cierto, me hubiera gustado participar más, pero también es cierto, que no he tenido el dinero que hubiera querido para poder meterme a ver todas las películas. Por eso juzgar el Festival por su valor fílmico no me corresponde. Por ahí he leído quejas. Que ha bajado el nivel de sus películas. Que no es como en otros años (una queja repetitiva) e incluso han habidos frases gruesas, desafortunadas y excesivas como “la calidad de muchas películas en competencia fue deleznable”. ¿Deleznable? Palabra que además ha sido recogida por diversas publicaciones internacionales, lo que particularmente (y sólo es una opinión) me parece bochornoso. Una cosa es que el Festival de Lima no haya colmado algunas expectativas (digamos las de 50 especialistas peruanos), pero de allí a aplicar una palabra como deleznable en un importante diario, debería ser materia de análisis. Meternos cabe entre los peruanos, es el deporte preferido por muchos, aunque muchos argumenten que es por nuestro bien. Mmmm… bueno.

En todo caso, lo que ha llamado más mi atención es la reacción que ha generado el hoy famoso afiche del Festival. Me imagino que un análisis exhaustivo, antropológico, filosófico o social permite siempre el debate, aunque éstos deberían tener un carácter alturado, que no siempre se encuentra, debido a la aparición de personajes cargados de una profunda rabia e intolerancia (otra vez esa palabrita).

Pero vayamos por partes. En primer lugar, ¿racismo?, pues yo creo haber visto a todas razas en el Festival (Lázaron Ramos, Thais Araujo, Vanessa Saba, Palito Ortega, Flaviano Quispe, Ana Katz). Otra cosa es elitismo. Sí pues, el Festival es elitista. Siempre lo ha sido. Siempre ha sido un Festival para los amigos. ¿Lo hemos descubierto por un afiche o acaso no debimos de percatarnos de eso al conocer el precio de las entradas? Yo me pregunto ¿acaso alguien le ha preguntado a pobladores de barrios populares si saben que existe un Festival de Cine? ¿Alguien les ha preguntado que tipo de películas les gustaría ver (y eso incluye al espectador promedio) en un Festival? O pongámonos en la otra orilla: ¿Alguien se ha quejado de que en los afiches de la Súper Movida de Jeanet no aparezca un gringuito? ¿Que en las películas llamadas andinas (como si se tratara de otro país) no trabajen blanquitos o chinitos? ¿Que en las series de corte popular no hayan coloraditos? ¿Que una asociación de cineastas "PERUANOS" no incluya a cineastas de Lima?

Clasismo, elitismo y racismo hay de las dos partes. Sería bueno dejar los paternalismos e inseguridades de lado. Al final los que se quejan suelen estar en una cómoda posición que los convierte en abanderados de causas y sectores que tienen su propia cultura (incluso más honesta que la del Festival) y que saben defenderse solos. Claro que sería ideal unificarnos y convertirnos en un país unido y orgulloso de lo que tenemos (y entre esas cosas está el tener un Festival con repercusión internacional).

Nadie dice que el afiche no sea críticable. Correcto, desde alguna perspectiva y análisis más exhaustivo (reconozco que no estoy preparado para hacerlo, sorry soy un cabeza hueca) pudo ser un descuido (¿porqué pensar mal?), pero detenernos en el afiche y condenar e insultar al Festival y principalmente al encargado de crearlo (mi casi homónimo Sandro Venturo), me parece una intolerancia aún más exagerada. Y lo digo con el más absoluto respeto y ánimo conciliador. Al final es sólo una opinión, desde una tribuna frívola y sin pretensiones culturales. ¿Qué puedo hacer?, no estoy de acuerdo con los insultos, demuestran incultura.

Que el Festival tiene que mejorar en muchos aspectos, pues en efecto. Que debería abrir su espectro y romper la argolla festivalera, aunque sea un poco, también. Que, de acuerdo a los tiempos, debería crearse una sección de concurso para trabajos terminados en video y ávidos de un transfer, pues también (aunque la proyección en alta definición de Rain Network fue de lo más interesante y revelador). En efecto, faltan muchas cosas, pero muchas cosas. Y errores habrá en el camino, los que seguramente se irán corrigiendo. En primer lugar, sería ideal que ésto sea un festival que congregue a toda... a toda la comunidad cinematográfica peruana. No sólo a los de siempre o a los nuevos y bullangueros abanderados. No todos los días hay un Festival de Cine en Lima donde promocionarse, hacer contactos o darse a conocer. Los festivales también son una plataforma de promoción. Si no, recordemos a Santiago Maguill en el Festival de San Sebastián conociendo a Julian Schnabel, quien posteriormente lo convocaría para un papel en "Antes Que Anochezca". A muchos les parecerá frivolo, pero acaso Cannes, Venecia, San Sebastián, Berlín, no tienen su cuota de frivolidad (las estrellas acuden y estrenan sus películas en muestras paralelas, fuera de competencia). Claro, la responsabilidad no es sólo del Festival, si no también de nuestros propios actores que deberían preocuparse en acudir al Encuentro de Cine y no sólo soñar con acudir a un Festival en el extranjero. ¡Pero si tenemos uno en Lima! En todo caso, congregar o interesar depende mucho de los organizadores y Tula Rodríguez, Mónica Cabrejos, Maricarmen Marín, Karina Calmet, Karen Dejo, Roger Del Águila, Gonzalo Revoredo, Carlos Alcántara, Ricky Tosso, por nombrar sólo algunos nombres que se me vienen a la cabeza, son también protagonistas de nuestro cine. Quizás al Festival le falte un departamento de medios que haga más bulla. Que divulgue su existencia en diversos programas de televisión (no sólo los culturosos), que utilice a sus estrellas e invitados y los acerque al público común. Quizás no les interese hacerlo y deseen mantener el círculo. Quizás a los actores mencionados no les interesa participar. ¿Quién sabe? De repente es soñar demasiado en un verdadero "encuentro". Otra vez ¿Quién sabe?

Una cosa más y volviendo al afiche: Ojo que Damián Alcázar, cuarto en la fila del afiche, no es ningún representante ario y digamos que el controvertido personaje del afiche usa zapatillas converse, pantalones Levis y su gorrita Rip Curl. Todo depende del ojo con que se le mire. Finalmente, ¿se han dado cuenta que el último de la fila es el peruano Christian Meier, recién bajado del micro? Los peruanos siempre al final de la fila. O sea, los representantes de la tardanza. ¡Y en plena campaña de la puntualidad! ¡¿Qué se habrán creído?!

Foto 1: ¿Racismo?: Controvertido afiche del Festival de Lima, que muestra a diversos personajes vinculados al ambiente cinematográfico y a un polémico invitado.

Foto 2: Manos Peruanas: Afiche del Noveno Festival que muestra manos mestizas en primer plano. ¿Se habrán quejado los colorados?

"Para mi, el cine son cuatrocientas butacas que llenar". (Alfred Hitchcock)

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