Quizás era mi insomnio. Quizás mis prejuicios. Quizás era que macho que se respeta no va a ver a Camila. Lo cierto es que no me animaba mucho ir al concierto del grupo mexicano. Como yo, muchos amigos me comentaban lo mismo. Que sólo he escuchado dos canciones, que no es mi tipo de música, que es un grupo para chiquillas.
El viernes por la tarde finalmente había llegado temprano a casa. Dos reuniones se suspendieron y a las 6 estaba echado sobre mi cama intentando dormir, algo que no había podido hacer de corrido en las últimas semanas. Quizás hacerlo tan temprano era contraproducente, pero en verdad estaba cansado. No podía perder esta oportunidad.
Como de costumbre, aprovecharía para ver una película. Luego, ya instalado y acomodado en mi cama, seguramente me dormiría. Usualmente sucede así. Es un buen método. Escogí “La Casa Remolienda”, cinta chilena en la que actúa mi buen amigo Lucho Gnecco. La película empezaba bien. Sin embargo, no contaba con que el cansancio en esta oportunidad era mayor que mi cinefilia. No ha sido una semana fácil.
El gran problema de dormir temprano es el teléfono. Siempre suena. Cruel e inesperadamente. Era Fiore, mi esposa y jefa de prensa del concierto de Camila, así que contesté. En realidad no era ella sino Juan Carlos, gran amigo de aventuras cusqueñas y uno de los líderes de la cadena Phantom Music Store. Me decía que tenía que estar en el concierto, que me esperaba. Hace tiempo no veía a mis buenos amigos de Phantom y esta era una buena oportunidad para saludarnos y reír un rato. Chino de sueño, me levanté y decidí ir al concierto de Camila.
Llegué al Jockey Club, entre una enorme cantidad de chiquillas que corrían intentando tener una buena ubicación. Una insospechada convocatoria. Nunca pensé que un grupo como Camila, con sólo un disco y unas cuatro canciones conocidas pudiera repletar un concierto. Buen ojo empresarial, sin duda. Aún así, luego de conversar un rato y de caminar entre la gente, me empecé a arrepentir de haber ido. ¿Qué hacía yo en el concierto de Camila? ¡Por Dios! Yo soy un rockerazo. Tengo alma de ochenta. Casi un cuarentón. Fui a ver a Megadeth, soy fanático de Peter Gabriel, ¿no es una contradicción estar en Camila? Me convertía en una víctima de mis propios prejuicios. Craso error.
Acompañaba a Fiore, quien corría de un lado a otro acreditando a la gente de prensa. De repente empiezan los gritos. Gritos normales que recibían con entusiasmo a un grupo de chiquillos peruanos llamados Addamo. Lo hacían bien. Su onda juvenil conectaba con el promedio de edad, 15 y 16 años, que empezaba a abarrotar el recinto. Para esa hora, calculaba unas 5,000 personas. Pronto me confirmaría que éramos 8,500.
Luego de Addamo, todo parecía calmo. Por ahí algunos grititos. Energizante de por medio, había espantado al sueño y escogía mi ubicación para ver el concierto. Los adolescentes seguían llegando y por ahí también aparecía una que otra veinteañera y hasta treintañera romanticona. Todas bien acompañados por un nuevo espécimen del macho que se respeta, quien caminaba tratando de reafirmar que sólo había ido acompañado a su enamorada.
Desde hace buen rato, un sándwich de hot dog me hacía ojitos, pero trataba de evitarlo. En casa hay arroz con pollo, me repetía. De repente las luces se apagaban y aparecía Camila en escena. Es difícil describir el estruendoso grito escuchado en el Jockey Club. Sin duda, nunca mejor escogida la entrega de muestras gratis dentro del concierto: pastillas para la garganta. Muchas la iban a necesitar.
No exagero al decir que jamás había escuchado una ovación tan grande. Creo haber ido a muchos conciertos, sin embargo es primera vez que percibo realmente el poder femenino. Miles de chicas gritando y coreando cada una de las canciones de Camila. ¡Se las sabían todas! Y claro, éxitos como “Todo Cambio”, “Coleccionista de Canciones” o “Sólo Para Ti”, simplemente provocaron un contagioso delirio. Y digo contagioso porque a mitad de concierto era imposible no sonreír con simpatía y hasta emocionarse con las expresiones de cariño del público. Sobre el escenario el grupo mexicano no podía creer lo que sucedía.
El buen sonido, las impecables luces, la brillante organización, el carisma de los integrantes del grupo, todo, absolutamente todo fue opacado por el entusiasmo y la energía de un público que no dejaba de entregarse a la música. Sin duda, una lección para los eruditos que descalifican bandas por ser comerciales o subestiman a los oyentes por su poca capacidad crítica. Como en el cine, en gustos y colores no hay nada escrito.
La música es una sensación y las 8,500 personas que estuvimos en el concierto de Camila sentimos algo emocionante que para muchos, como yo, resultó inesperado. Mientras regresaba a casa no podía dejar de cantar: “Antes que pase más… Tiempo contigo amor… Tengo que decir que eres el amor de mi vida… Antes que te ame más… Escucha por favor… Déjame decir que todo te di…” Esa noche finalmente pude dormir tranquilo.
FOTOS: Camila Who?: La banda mexicana conquistó al público peruano, compuesto principalmente de jóvenes y eufóricas adolescentes, principal responsables de una noche emocionante.
Hace un año que “Talk Show” se estrenó en los cines. Hace un año que nosotros, los involucrados, teníamos la plena seguridad de que más allá de las críticas, el público respaldaría la película y con eso podríamos emprender un segundo proyecto y luego un tercero y un cuarto y así sucesivamente hasta hacernos viejitos. Pensábamos que teníamos todas la de ganar: un producto masivo, una producción de bajo costo, una película que tiene la virtud de conectar con la gente (no lo digo yo, lo dijo el crítico Alonso Izaguirre), una agresiva campaña de prensa y lo más importante: una distribuidora grande, solvente, responsable que se pondría la camiseta y protegería la película. ¡Tres hurras por UIP!
¡Craso error! Proteger una película peruana no está en el vocabulario de una distribuidora como United International Pictures. Su trabajo es mecánico, en serie, robótico. Les da flojera levantar el teléfono, mandar un mail, crear una estrategia de marketing, salirse de lo habitual. El cine peruano rompe su rutina. Y es que una película peruana, dentro de mi modesto entender, sí necesita un publicidad especial, que busque romper con el prejuicio que tiene el espectador de que el cine peruano es aburrido.Pero bueno, un distribuidora acostumbrada a enviar gorritos y polos a los medios (muchas veces a cambio de una buena foto central) no va a gastar su tiempo en un cine tercermundista. Su prioridad es Hollywood.
En realidad, es fácil entender el porqué. Pongámonos un momento en su pellejo. ¿Para qué se complicarían la vida con una película peruana? Igual a fin de mes su sueldo va a ser el mismo. Además, da igual lo que se piense, si la casa matriz dice que le de prioridad a la comedia de dibujos animados, pues ¿debe ir en contra de los intereses de la empresa? Lógico que no. Además, no hay que hacer mucho trabajo para que Shrek 3 tenga éxito. Películas como esas vienen con el pan bajo el brazo. Y digamos que a Spielberg no le va a incrementar mucho la billetera lo que pase en Perú. Tener retos, plantearse metas, ¿para qué?
La primera vez que presentamos la película fue en las oficina de UIP. Todos rieron y aceptaron distribuir la película de buena gana. UIP es la empresa que más películas peruanas ha tenido a su cargo. Entre las perlas que se soltaron ese día estaba que era una película que iba a tener un muy buen boca a boca con el público. Que se debía crear una estrategia que tenga como leit motiv la posibilidad que tiene el público de descubrir una película peruana divertida.
Teniendo eso como motivación, nos planteamos hacer todo de manera ordenada. Hicimos una gran campaña de prensa, de la que mantuvimos al tanto UIP, pues ellos no se invlucraron. Un mes antes, todos los días había algo de “Talk Show”, ya sea televisión, radio o medios escritos. Los actores se paseaban por sets, daban entrevistas a diarios, visitaban cabinas de radio. Repito, la campaña la hicimos nosotros mismos, no UIP. Lo poco o nada que se les encargó lo hicieron mal. De hecho los medios de prensa ni siquieran habían recibido el CD de fotos que le dimos a la transnacional. Las llamadas eran directas y nosotros les brindábamos todo el material posible. ¿Qué hizo UIP? Separó el cine para algunas funciones de prensa (de mala gana por algún cambio de última hora). Esta vez la tuvieron fácil. ni siquiera repartieron gorritos (también lo hicimos nosotros).
Para el estreno de la película nos recomendaron encajar con el día del cine. Que la entrada costaría menos, pero que la taquilla se incrementaría diez veces. Nosotros, pánfilos, creimos el asunto, tanto así que me convertí en una suerte de paladín del día del cine, dando entrevistas y demás, incentivando este evento. Es cierto, la taquilla se incrementa, pero el dinero recaudado, no. No es difícil darse cuenta. Si el domingo es día del cine, pues jueves, viernes y sábado, los cines bajan su afluencia considerablemente. Todos esperan el domingo para pagar tres veces menos. Es lógico, tanto como que eso repercutirá en la billetera de cualquier productor de cine peruano.
La primera semana de “Talk Show” fue engañosa. Fue mucho público, pero no más que el habitual en una primera semana. Competíamos con “Los Infiltrados” y “Guardianes de Alta Mar”, películas grandes, ampliamente publicitadas y con actores muy populares, que se estrenaban en Lima y provincias con más de 30 copias. “Talk Show” sólo se estrenaba en Lima con 19 copias. Al final, promediando, la cantidad de espectadores fue bastante estrecha. ¡Punto para Perú! Pero la recaudación bastante menor. ¡Buuuuhhhhh!
Eso en todo caso, no descuido nuestra campaña en medios, al contrario nos hizo ponernos nuevas metas. La cereza del pastel sería una entrevista en El Francotirador, espacio conducido por Jaime Bayly y uno de los más sintonizados de los domingos. Debido a sus constantes viajes, Bayly dejaría grabado algunos programas. Un sábado por la noche, justo durante la semana del estreno, Fiorella Rodríguez estaba sentada con el Francotirador en una entrevista sumamente divertida. Como era grabado, muy amablemente su productora Ximena preguntó cuando queríamos que vaya la entrevista ¿en segunda o en tercera semana de estreno? Ni cortos ni perezosos llamamos a quienes supuestamente debían ser nuestros aliados. A Bayly le había encantado la película y tuvo palabras de elogio para con ella. Todo era perfecto. La respuesta de UIP fue unánime: ¡Tercera semana! Así tiene un segundo respiro. Perfecto. Esperamos entonces la tercera semana.
En la segunda semana, la cosa fue bastante mejor, sin día del cine la recaudación avanzó. Nosotros estábamos confiados. La crítica nos destrozaba, pero el público respondía. Muchos comunicadores nos felicitaban, lo que levantaba nuestra moral ante la embestida de la crítica. Pero entrando a la tercera semana algo sucedió. UIP relegaba a “Talk Show” a horarios prohibitivos. Tres de la tarde, once de la noche. ¿Quién va al cine un día de semana a las 5 de la tarde? Nos quejamos. La película no iba mal ¿porqué desinflarla? Disculpas y demás llegaron y prometieron mejorar los horarios de la película la próxima semana. Confiamos. Además justo ese fin de semana, Jaime Bayly aparecía con Fiorella como invitada. La película tendría un segundo respiro.
Luego de emitido El Francotirador, las llamadas no cesaron durante el lunes. Todos a felicitar, qué iban a ver la película, qué excelente la entrevista, etc, etc. Finalizábamos la tercera semana con el mejor empujón que nos podían dar. UIP estaba al tanto de ello. Pero de repente, el martes por la mañana, durante una de las visitas a los cines (sí, la supervisión también la hicimos nosotros, pues la de UIP dejaba mucho que desear) nos enteramos que “Talk Show” salía de cartelera. Inocentemente el administrador del cine nos preguntó: ¿Porqué sacan su película si a “Talk Show” le va mejor que a “Las Torres Gemelas” (otra película de UIP)? Nosotros no entendíamos. Llamamos a UIP. Efectivamente la película salía. Pronto entendimos: había llegado cerca de cincuenta copias de la película animada: “Lo que el Agua se Llevo” y ahora esa era su prioridad (bueno en realidad “Talk Show” nunca lo fue). La casa matriz ordenaba estrenar esta cinta en todos los cines habidos y por haber. “Talk Show” quedaba sólo en un cine a un horario bastante inusual. Mientras, una millonaria película de dibujos animados para niños era programada en casi todas las funciones, incluso, a las 10:30 p.m. en versión doblada y a las 11 de la noche en versión subtitulada. ¿Quién en su sano juicio pone una película para niños luego de las 9 de la noche y cada media hora? Pues UIP.
Las disculpas del caso no fueron suficientes para hacerme pensar que nos habían boicoteado. Empresas como UIP no están interesadas en el cine peruano. Siempre van a esforzarse con las películas extranjeras, pues son por las que les pagan, por las que les dan palmaditas en la espalda, por las que les dan ascensos. El cine peruano es un estorbo. Pero en vez de rechazarlo, mejor adoptarlo y dominar su paso por los cines. Para colmo lo hacen ver como si se tratara de un favor que en ocasiones se hace de mala gana. Por eso te boicotean sin miramientos. Eso sí, sin dejar de cobrar su 15%.
Si utilizo la palabra boicot, es porque la otra palabra que se me viene a la mente es flojera. ¿O acaso es lógico que trabajando con una distribuidora internacional hayamos sido nosotros los que se encargaron de ver y velar por la buena posición de los afiches, banners y trailers? Porque no lo estaban (el trailer de “Talk Show”, una comedia, estaba colocado antes del documental “La Marcha de los Pingüinos” y la película coreana “Hipnosis Mortal”, excelentes películas, pero ambas independientes, de géneros muy distintos y comercialmente inadecuadas para nuestros intereses).
Pero todo no queda allí, en provincias nuestra brillante productora ejecutiva acudió a un matrimonio un par de semanas antes del estreno de “Talk Show” en provincias. Por ahí como para curiosear decidió visitar los cines. Grande fue su sorpresa cuando se percato que no habían trailer ni afiches ni banners. Todo había sido entregado un mes antes a la distribuidora y, ¡ups!, no lo habían enviado. Con esa información se visitaron todas las ciudades en donde se iba a estrenar “Talk Show”. Y lo mismo, a pocas semanas de su estreno, ¡oh sorpresa!, no había ni trailers ni afiches. ¿Descuido, flojera o boicot? No sé, quizás me esté volviendo un poquito paranoico.
Ante todo esto ¿alguien dijo algo? Nadie. Nosotros no lo podíamos hacer, teníamos un contrato que acaba de terminar. Tampoco es esperara una defensa a “Talk Show”. Pero la cosa va más allá. El problema no es tal o cual película, el problema es que esta situación se repite constantemente y afecta al cine peruano en su totalidad. No existe una regulación y estamos a merced de este tipo de situaciones. Así como se arma un escándalo por la censura a la película “La Mujer de mis Pesadillas” ¿porqué no pedir explicaciones cuando una película peruana es sacada de cartelera sin más? Hasta donde sé, a “La Gran Sangre” le sucedió lo mismo. Alguien me dijo que fueron demasiado avezados al estrenar muy cerca de 28 de julio junto a los blockbusters de la temporada, pero acaso no hay una mejor fecha para estrenar una película peruana que Fiestas Patrias .
Ante esto, nadie dice nada. Bueno, un crítico mencionó de manera burlona que la gente no había respondido con “La Gran Sangre”. Por ahí dijeron lo mismo de “Talk Show”. Fue algo así como “ya ven el público tampoco los quiere”. El crítico (que, claro, no es investigador) estaba un poquitín mal informado, pues en ambos casos, y pese a todo, el público sí respondió. Y en todo caso, ese no es el problema mayor. Esto va más allá de los gustos y colores.
La verdad es que las películas peruanas no tienen un trato justo. Hay una competencia desleal que incluye frases dirigidas a los cines como: “si estrenas esta película, no te damos el blockbuster de la temporada”.Si las distribuidoras tienen beneficios como la importación temporal, ¿no deberían tener ciertos deberes? Es una cuestión de lógica y de tener un poco de sangre en la cara. Si el cine peruano no tiene las garantías de estrenar y mantenerse en las salas de manera correcta y en su propio país, entonces ¿qué nos queda? ¿quién puede tener la osadía de invertir en nuestro cine ante estas condiciones? Nadie dice que si una película no funciona se mantenga, pero ni siquiera sucede con las películas de relativo éxito. Con un mercado que, con tanta promoción, regalo, días del cine (todo creado por las distribuidoras extranjeras e INDECOPI), ha hecho que por entrada el productor gane un promedio de 0.32 dolares (o lo que es casi lo mismo 1 sol por entrada) ¿podemos crear industria? ¿podemos pensar en un cine peruano? Mmmmm…
Foto 1: ¿Buen Plato?: ¿Le conviene a las distribuidoras extranjeras que el cine peruano sea el plato fuerte de nuestra cartelera?
Foto 2: Boca a boca: Buena y creciente racha de público de "Talk Show", cortada por manejo flojo y desganado de la distribuidora. Definitivamente las películas peruanas no son prioritarias para ellos.
Foto 3 (Video): El Francotirador: Extracto de la divertida entrevista que realizó Jaime Baily a Fiorella Rodríguez. Se emitió durante la tercera semana de estreno de "Talk Show". Tres días después, e inesperadamente, era retirada de la cartelera.
Foto 4: ¿Y dónde está mi afiche?: Banners, afiches y trailers de "Talk Show" que llegaron a los cines, luego de nuestra propia supervisión y negociación. UIP ni siquiera los llevó a tiempo o supervisó su buena ubicación.
Foto 5: Otra más: "La Gran Sangre", otra película que misteriosamente, y pese a la enorme publicidad, salió de cartelera rápidamente.
Manejando por calle Canaval y Moreyra llegué hasta el semáforo previo a la vía expresa. Estaba detenido esperando que el policía diera el pase. De repente una fuerte sacudida me hizo pensar que estaba siendo víctima de un robo. El viejo truco de sacudirte el auto para que luego de que bajes seas asaltado. Decidí mirar de reojo sin prestar mayor atención. No pude ver a nadie. Pensé que estaban escondiéndose. Avance unos metros más y nuevamente disminuí la velocidad. Otra vez me movieron el auto. Estos rateros sí que son tercos, pensé. Continué avanzando y la sacudida se acrecentó. Entonces pensé que me había enganchado con algo. Decidí parar luego de pasar el puente para ver con que diablos me había atorado. Y justo allí, sobre la vía expresa, la tambaleada se hizo más fuerte. Definitivamente era un temblor.
Lo primero a lo que atiné fue a agarrar el Nextel y tratar de comunicarme con Fiorella. La alerta ingresó, pero no hubo respuesta. Entonces mientras maniobraba al volante, ya con algo de nerviosismo, empecé a llamar a todos los que se me ocurría para ver que estaba pasando. Sinceramente una vez en marcha y estando en el auto sólo se percibía un movimiento leve. Nada por qué alarmarse. Sin embargo a medida que avanzaba mi preocupación aumentaba. Gente desesperada, incluso llorando, saliendo de los enorme edificios de los alrededores. La incertidumbre de no saber exactamente que era lo que pasaba, me hizo intentar nuevamente llamar a mi esposa, a mis hijos, a mis padres, a mis amigos, ¿a quién sea? ¡Por Dios que alguien conteste!Alguien tenía que saber con certeza qué estaba pasando y, principalmente, yo quería saber si ellos se encontraban bien. Pero nada. Los teléfonos estaban muertos. No servían.
Hoy me doy cuenta de que teníamos que esperar un sismo de 7.9 para percatarnos de que la comunicación en el Perú, pese a lo que digan los comerciales sobre la modernidad celular, es poco confiable y absolutamente inservible en situaciones extremas como la acontecida esa tarde del miércoles 15. ¿Se supone que el teléfono sirve para emergencias? Pues ¿qué mayor emergencia que un terremoto? Eso de comunícaMe (con M mayúscula de Movistar) no sirve en esos casos. Tampoco lo de radio ilimitada, pues Nextel tiene sus limitaciones. Y eso de Claro que somos más… efectivamente fuimos más los desesperados gracias a la falta de comunicación.
Sin tratar de exagerar, y tratando de ser objetivo, parte del caos vivido esa noche fue provocado por la ausencia de teléfonos. No era el único tratando de llamar, una y otra vez. Los teléfonos públicos estaban llenos e inservibles. Nada. No había forma. Ni los aparatos más modernos o los más antiguos funcionaban.
En mi caso, confieso que fue justamente ese colapso telefónico lo que me alertó de la magnitud del evento. Repito, no había sentido el terremoto en su total dimensión, pues estaba en el auto. Pero la nulidad de los teléfonos provocó mi intranquilidad y nerviosismo. Dos de mis hijos no estaban en casa (el mayor estaba ensayando en un estudio de grabación y el otro estaba con su abuelo) y Fiore estaba con su pequeña hija Mikella, con mi hija Macarena de 17 años y con la fiel Amparito. Gracias a Dios todo no pasó de un gran susto.
Pero ¿y la gente que tuvo emergencias reales? Podemos concebir que un país que se jacta de tener un telecomunicación súper moderna se vea afectado por un colapso de este tipo. Las empresas de telefonía que suelen ser intolerantes y tajantes cuando un recibo se vence, pueden hacerse de la vista gorda teniendo en cuenta las desgracias que pudieron ocasionar o que probablemente ocasionaron debido a la falta de líneas teléfonicas. Lo quiero graficar irónicamente.
De regreso a casa, el tráfico era tal que era imposible avanzar con fluidez. El auto usualmente lo utiliza Fiorella, quien no suele revisar los niveles de agua. Dicho esto, justo ese miércoles la manguera se recalentó y explotó. Había pasado una hora del término del terremoto y ahí estaba yo en medio de una concurrida avenida, plagado de humo y sin poder comunicarme con nadie. ¿Oh, y ahora quien podrá ayudarme? Llamar a mi mecánico o a algún familiar o amigo para que me remolque era absolutamente imposible. Llamar a Fiore para tranquilizarla y decirle que estaba bien (hace dos horas que no sabíamos el uno del otro) tampoco era viable. En situaciones extremas suelo mantener la tranquilidad (¡Gracias John McClane!) así que con alguna ayuda espontánea (la que incluía a mi copiloto) pude estacionar en una calle colindante y así no estropear el ya de por sí caótico tráfico. Finalmente decidí que lo más importante era llegar a casa. Estacioné el auto en un lugar cercano y vigilado. Tomé un taxi (tuve suerte en conseguir uno) y llegué, una hora más tarde a casa.
Todos estaban asustados y frustrados de no poder comunicarse con NADIE. La misma incertidumbre multiplicada y acrecentada por ligeras réplicas del terremoto. Con los nervios de punta, lentamente la comunicación se reestableció, aunque no totalmente. Lamentablemente para muchos el restablecimiento de la línea teléfonica sólo significó una llamada harto tardía. Cabría preguntarse: ¿se harán realmente las investigaciones del caso? ¿Se dará alguna explicación a los usuarios? ¿Se harán cargo de casos extremos de personas afectadas dramáticamente con esta incomunicación? Ojala esto no pase desapercibido, como muchas cosas que se dejan así, para que el tiempo y la memoria se encargue de borrarlas.
Quizás sea momento de que las empresas de telefonía coloquen una nota aclaratoria al vender sus teléfonos. Algo así como “Nuestra moderna tecnología no estará disponible en caso de sismo. En caso de un fuerte terremoto las líneas telefónicas tienen total derecho de colapsar. Espere un día para que éstas se reestablezcan… ¡No insista!… Eso sí, no se preocupe que cuando pase el temblor, usted podrá disfrutar de su teléfono con tecnología, bluetooth, radio am – fm, mp3, Internet, radio ilimitada, comunicación dúo, mail, mensajes de texto, cámara de fotos, filmadora, etc, etc…La modernidad al alcance de su mano…” Mmmm… Sí, claro…
Foto 1: ¿Alo?: Mia Farrow en "El Bebé de Rosemary". Al menos tenía un teléfono con línea a la mano.
Foto 2: Desconectados: Lima se altera. Luego del terremoto, las líneas teléfonicas y los nervios colpsaron. ¿Dónde quedó la modernidad?
Director, guionista, editor, productor de cine y televisión. Luego de estudiar cine y vivir algunos años en Santiago de Chile, regresa y se involucra en los medios de comunicación como periodista de diversas publicaciones como la revista TV+ del diario El Comercio y la revista de Cable Mágico. En el 2000 da el salto a la producción, trabajando en diversos programas y canales de televisión. Como productor independiente, realiza una serie de documentales en varias provincias del Perú. Entre el año 2004 y 2006 escribe y dirige su primer largometraje "Talk Show", con el que inicia su carrera en el cine. Cabe destacar que además de dirigir, es productor asociado y editor de la película. Actualmente trabaja en la pre producción de la comedia "El Sexo Perfecto" y del drama de terror "El Buen Pedro". Además, mantiene en espera "Cabezas Huecas" y "Postales de Grecia", dos de sus primeros guiones. Paralelamente es uno de los guionista de la miniserie "El Patriota", próxima a estrenarse, y prepara dos series más. Asimismo escribió "Hora de Salida", serie musical recientemente presentada a diversos canales de televisión, cuyo piloto también dirigió.