Una de Cangrejos


Cuando estábamos a punto de iniciar el rodaje de Talk Show, nuestro productor Eduardo “Guayo” Cayo nos contó una historia tratando de explicar la actitud del gremio de cineastas, pero también la de los peruanos en general. Un cuento divertido que me tomo la libertad de relatar:

“Un grupo de cocineros coloca tres ollas llenas de cangrejos a fuego lento. Lo particular es que en cada olla se encuentran cangrejos de específicas nacionalidades. En la primera encontramos a un grupo de cangrejos norteamericanos, en la segunda cangrejos chilenos y en la tercera cangrejos peruanos.

El fuego empieza a calentar las ollas y los cangrejos empiezan a desesperarse. Los cangrejos norteamericanos deciden armar un plan de escape: Detectan al más grande, lo sacan de la olla y él desde arriba ayuda a escapar al resto. Todos escapan y se salvan.

Los cangrejos chilenos también deciden escapar. Detectan al cangrejo más grande y le dicen que levante a los demás. El valiente cangrejo ayuda a escapar a sus compañeros, pero cuando está a punto de salir, el fuego lo aturde y termina muriendo. Los demás cangrejos chilenos escapan sin olvidar al héroe de la jornada.

En la tercera olla los cangrejos peruanos empiezan a sentir el calor. Están aturdidos, pero el cangrejo más grande ha visto el escape de los extranjeros. Entonces decide intentar salir. Algo se lo impide. Por más que se esfuerza no logra salir de la olla. No es el calor. De repente se percata que los demás cangrejos lo sujetan y lo jalan para que no salga. Todos los cangrejos peruanos mueren.”

Foto 1: Retroceder Nunca Rendirse Jamás: Cangrejos peruanos en busca de la libertad ¿Lo lograrán?
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¿Careta China?


Una furibunda crítica en la revista Caretas sorprendió a muchos amigos y colegas. Me decían que había sido escrita con el hígado. Que el crítico parecía estar ofendido porque un periodista de diarios de nivel y un buen cinéfilo haya hecho una comedia como Talk Show. La compara peyorativamente con la serie Así es la Vida, como si parecerse a ella fuera un tremendo pecado. Confieso que esa no fue mi intención, pero declaro mi profundo respeto por quienes realizan esta exitosa serie. Me pregunto si elevados críticos como el de Caretas tienen tiempo para seguir Así es la Vida o si han logrado percatarse de lo rescatable que es que una serie familiar de sus características ocupe los primeros lugares de sintonía. Trabajo para muchos actores y técnicos. Me imagino que no se dan cuenta a quien está dirigida esta serie. Así es la Vida no está a su altura y Talk Show tampoco. El crítico afirma que la serie y por ende la película son productos mononeuronales.

Eso es lo que realmente me sorprende: los insultos asolapados del sr. crítico. Realmente está enojado. Compara el guión y sus personajes con un libro de Coquito, habla de la estupenda película chilena En la Cama, como si alguien buscara parecerse a ella. Afirma que se ha pirateado a Woody Allen y otras sandeces más. Finalmente se apresura en afirmar que yo después de Talk Show tengo el cuajo de hablar del Estado y de la Ley de Cine, algo que no he hecho ni me interesa hacer, pues no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que se hacen en el nombre de esta Ley. Sin embargo, y si lo hiciera ¿qué habría de malo? ¿Acaso no tengo derecho a opinar?

¿Qué pergaminos tiene este señor para poder decidir e imponer cual es el cine peruano que se debe hacer? ¿A quien le ha ganado para decir quien debe opinar y quien no? Es increíble como algunos críticos se creen con la capacidad de convertirse en los dictadores del cine peruano, subiendo o bajando el dedo a quien debe hacer del cine su profesión. Por eso estamos como estamos. Finalmente ¿le debería importar a este señor lo que yo haga con mi plata?

A mi nadie me ha dado dinero para hacer mi película. La película la hemos conseguido nosotros con esfuerzo y con la suficiente visión para tratar de hacer de esto un negocio rentable, que no sólo nos de continuidad sino que le de la oportunidad de trabajo y experiencia a un grupo de gente ávida por dedicarse a hacer cine y aprender de él. A nuevos directores y a sangre nueva. Si esto está mal, entonces somos culpables de un flagrante delito. Hemos hecho una película con convicción y coherencia y el público que se divierte y que nos felicita constantemente nos demuestra que estamos por buen camino. ¿Qué hacen críticos como el de Caretas? En realidad no me importa, pero ojala hagan algo de provecho.

Cada uno tiene el derecho de hacer lo que siente que está bien, pero también tiene el deber de respetar el trabajo del otro. De ser tolerante. No a todos les va a gustar lo que hacemos. No somos infalibles y obviamente nos equivocamos en el camino. Pero también aprendemos si así fuera el caso. Eso se llama autocrítica. Es más, yo he firmado mi película con orgullo y asumiendo la responsabilidad que me toca. El crítico ni siquiera firma. Se escuda tras una careta.

Ninguna publicación da derecho a condenar e incluso a poner en tela de juicio la inteligencia de quienes trabajan en un producto que finalmente gusta al público común. Es decir, el gusto de la gente no vale nada, pues el Olimpo dictatorial en el que creen estar algunos críticos no lo permite. Todos quienes ven con agrado Talk Show son simplemente personas mononeuronales. Repito una cosa es criticar y otra insultar. Eso es una real y tremenda estupidez y una intolerancia y vanidad absoluta. ¿O acaso este señor se ha creído el cuento de que los críticos han comprado la franquicia del cine peruano? ¿que tienen la potestad de decidir su destino?

Señor crítico de Caretas, por favor no sea iluso, acá el que decide es el espectador que sí paga su estrada. Una cosa es escribir una crítica y otra una condena. Su reseña destila odio, no hay ironía, no tiene humor, pero tampoco seriedad. Es un burdo ataque sin ningún análisis. Eso no lo escribió su cabeza, lo escribió su hígado. La labor de un crítico debería ser analizar porque una obra funciona o no. Y tener claro que su punto de vista es eso, un simple punto de vista y no una ley suprema. Hacer cine en el Perú es comparable con ponerse en el paredón. No debería ser así, es un trabajo, tal y como lo es la crítica. El señor crítico de Caretas fracasa en su reseña, no explica nada, sólo destruye. Y eso en mi humilde opinión, es alarmantemente mononeuronal.


Foto 1: Caretas: Máscara china de león Kokusai. ¿La usará el crítico anónimo?
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¡Prohibido reír!



Final de la función de prensa de Talk Show: El productor Eduardo “Guayo” Cayo le pregunta a un rechoncho crítico de cine: “¿Y qué te pareció?”, él responde con la aspereza habitual de un crítico: “Sí, es comercial”. Guayo lo sorprende con ironía: “Pero si yo he estado parado a tu lado y te has reído en toda la película”. El crítico sonríe tímidamente. ¡Lo han descubierto! “¿Te has reído o no?”, insiste Guayo, burlándose de su inquebrantable condición crítica. “Sí, está divertida” responde mientras se toma la barba nervioso.

Semanas más tarde, el mismo crítico catalogaría a Talk Show como la peor película del 2007, afirmando que es una comedia que a él no le provocó nada de risa. ¿Alguien entiende? El crítico miente. Me consta, conozco su risa, reconozco su voz. Siempre habla en el cine al punto de que muchas veces lo han terminado callando. Otros prefieren sentarse lejos de él. Pero su voz y risa retumban en la sala. Son inconfundibles. Decenas de veces, cuando era cobijado por la crítica, compartí funciones de prensa con él. No hay forma de no reconocer su voz, comentarios y hasta tics sonoros. Ese día de la función de prensa lo reconocí claramente. Y me dije, inocentemente, se ríe de buena gana, la película le gusta. Me sorprendo con eso, pues mis predicciones decían que los críticos iban a destruir Talk Show. Ahora me doy cuenta que no me equivoqué. Que la pose es más fuerte que la sensación o emoción provocada por una película.

Aunque suene contradictorio, la mayoría de los críticos detestan emocionarse. Si se ríen es señal de intrascendencia, si lloran es sensiblería, si se asustan es efectismo, si se emocionan se cayó en la complacencia. La pose es no dejarse doblegar por los sentidos, no dejarse atrapar por la magia del cine. Contradictorio ¿no? Colocarse una coraza. No reír, no llorar, no asustarse y menos emocionarse. La pose del crítico lo impide. Ahi me doy cuenta de la sabiduría y total apertura del público común. Gracias a Dios los cineastas dependemos de sus siempre sabios juicios. El espectador común es quien decide.

Enero del 2007, rodaje de Talk Show: mi relación con los actores siempre ha sido muy buena. Me divierto con ellos, los escucho y trato de entender su método de trabajo, algo que va de la mano con su procedencia académica. Confieso que en ocasiones el academicismo de algunos me puede desesperar un poco. Pero sólo un poco. Miguel Torres – Böhl proviene del teatro y es de los que hace muchas preguntas. Se preocupa por su trabajo y siempre está pidiendo opiniones. Ahora está contento. Sus colegas lo han felicitado. En muchos aspectos se roba la película.

Una de las preguntas recurrentes de Miguel era sobre la crítica. “Tú que has sido crítico, ¿qué crees que digan de la película?”, me preguntaba y yo siempre le respondía lo mismo: “¡La van a destrozar!”. Incrédulo, Miguel no entendía: “Pero tú debes ser amigos de muchos de ellos, a otros los debes conocer bien. No creo que te critiquen como dices”. Yo le insistía y le comentaba que el conocerlos no era un beneficio sino todo lo contrario. Sabía que con mayor razón me iban a ignorar o simplemente destrozar. Era su oportunidad de decir “yo no me caso con nadie”, aunque muchos de ellos tengan un matrimonio asolapado con algún veterano director desde hace años. Eso me lo confirmó Guayo, viejo zorro en el negocio cinematográfico, que conoce bien de que pie cojean algunos.

Desde que hacíamos la película sabíamos que íbamos a contracorriente con la crítica. Se trataba de una comedia que apelaba al formato televisivo como recurso cinematográfico. Algo contradictorio, pero válido según nuestra propuesta. Si salió bien o mal no lo sé, pero esa era la propuesta y nos pareció arriesgado experimentar. Nosotros estamos contentos y satisfechos. No engañamos a nadie. El título Talk Show hacía clara referencia a la propuesta. Sabía que mezclar lo televisivo con lo cinematográfico sería una herejía. Sabía que hacer una comedia hilarante jugando con estereotipos sería visto como una locura. Sabía que crear plots cotidianos, mínimos y ampliamente reconocibles para el público sería considerado como intrascendente y vacío. Sabía que la crítica no nos apoyaría y que para muchos el dar el salto al cine con una comedia de las características mencionadas sería por lo demás deshonroso.

Hace unos días un buen amigo nos visitó y nos comentaba su sorpresa ante las feroces críticas. Le traté de explicar conciliadoramente que ese era el trabajo del crítico: criticar. Pero él insistía en la falta de perspectiva, algo que ya he comentado. Me explicaba que no entendía como una película que divierte al público normal y que cumple su objetivo podía encolerizar tanto a los críticos. Me comentaba el abismo que existía entre la crítica y el público y que le sorprendía leer reseñas escritas con el hígado. Le comentaba lo mismo que a Miguel, que desde antes de filmar ya intuía lo que iba a suceder.

Lo más divertido fue saber a través de él, la opinión de uno de sus mejores amigos: Un director peruano a quien respeto mucho. Me comentaba que luego de verla, el cineasta le había comentado que la película le había encantado, que le parecía súper divertida. Entonces le hizo la misma pregunta que me hizo alguna vez Miguel: “¿Y qué crees que dirá la crítica?”, él respondió: “La van a destrozar”, le dijo. Las razones dadas coincidieron con mis puntos de vista.
Los críticos peruanos se reúnen en un feudo, con su señor feudal incluido. No conozco a todos los críticos. Y a los que conozco, los conozco tanto que a estas alturas prefiero no reconocerlos. Aunque parezca un trabalenguas, me parece sensato decirlo. No por estar molesto ni por algunos malos tratos, que ha habido bastantes, sino porque al hacer mi primera película he reafirmado algo que ya intuía: hacer cine en el Perú, sin la bendición de algunos dioses, puede condenarte a los infiernos del séptimo arte, donde la crítica, casi toda unánime y enfilada cual ejército vengador, te destroza e ignora con alevosía.

Semanas antes de estrenar la película: Ninguna vaca sagrada del mundillo de la crítica nos menciona. Salimos en todas las páginas de espectáculos, programas de televisión y demás, pero para ellos no somos nadie. La película no existe. Me pregunto, ¿pero si aún no la han visto? Mucho antes, mientras filmábamos, algunos medios se interesaron. Pensé que un programa de televisión mal hecho, pero que se jacta de especializarse en cine podría interesarse, sobre todo si ahí desfilan todo tipo de directores de todo el Perú. Nada. Pensé: “deben estar ocupados, mejor los llamo”. Traté de comunicarme con su productora a través del teléfono y el e-mail. Les dejé mensaje, pero nada.

Cinco semanas antes del estreno: un crítico “importante” mencionaría en su columna dominical que la última película peruana en estrenarse era Mariposa Negra. Nosotros estrenábamos en cinco semanas y el bombardeo de prensa que realizamos había alcanzado al suplemento donde este señor escribía. Nada. No nos mencionan.

No es que tenga que gustarle a todos, seguramente hay muchos amigos críticos (uno o dos en realidad) a los cuales la película no les ha gustado nada. Respeto su opinión y agradezco su apoyo cuando lo necesité, con varios artículos e incluso con un entrevista en la que me dieron la oportunidad de dar mi punto de vista. Sin embargo, a excepción de ellos, el cargamontón y algunas críticas hechas con el hígado y sin sustento son sufientes para darme cuenta de por donde va el asunto. Me dirán paranoico, pero quienes me conocen saben que por el contrario soy lo suficientemente relajado para divertirme con las críticas. La mayoría de críticos siguen la misma rutina desde hace varios años. En el año 1994, cuando ingresaba a un periódico como prácticante, ellos ya hacían crítica. Doce años después trabajo en el medio cinematográfico y me preparó para dirigir mi segundo largometraje. Confieso que recién empiezo a aprender y comprender. Ellos siguen donde los dejé. Entonces ¿debería sentirme afectado o deprimido?

Eso sí, cabe destacar que felizmente en medio de esta experiencia he descubierto una incipiente, naciente y refrescante nueva generación de críticos, con nuevas visiones e inquietudes. Ninguno ha ensalzado Talk Show (incluso la han criticado duramente), pero lo hacen seriamente y sin antipatías gratuitas. Se han interesado desde el comienzo y han hecho críticas interesantes e independientes. La crítica tiene nueva sangre, celebremos eso y esperemos que no sean corrompidos por los antiguos señores feudales y las vacas sagradas de la crítica peruana. Vacas sagradas que jamás le han dado una gota de leche al cine peruano. Ojala lo hagan algún día. Son mis sinceros deseos para este 2007.


Foto 1: Matar o reír: Muchos críticos relacionan la risa con un acto de plena intrascendencia. Por eso tratan de disimular o negar la risa.

Foto 2: Sufre peruano, sufre: Sentimientos encontrados. La consigna es no emocionarse.

Foto 3: ¿Y que dirán los críticos?: pregunta recurrente de Miguel Torres - Böhl (con su inconfundible pulover rosado). A su lado, Juan Carlos Rodríguez, asistente de dirección e improvisado actor, quien como muchos espera hacer del cine su profesión.
Foto 4: ¿Vacas sagradas?: Inmutable y con rostro adusto, tal y como deben salir de un cine.
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James Bond Rearañado

Humanizar a los héroes parece ser la consigna. Efectivamente Hollywood siente que es el camino adecuado para retomar a ciertos íconos usualmente superdotados y distantes a problemas humanos.

Superhéroes como El Hombre Araña (Spider-Man, 2002) han regresado a la pantalla cargados de problemas. El buen Peter Parker volvió convertido en un completo tonto incapaz de declarar su amor a Mary Jane. Vive atormentado y sin saber exactamente como enfrentar no sólo a sus enemigos sino a su propios superpoderes. La tercera entrega promete mostrarnos el lado oscuro del héroe, de la mano de una sustancia viscosa que luego dará origen a Venom.

Por su parte, los X-Men (2000) viven marginados y obligados a ser tolerantes, aunque si se decidieran a seguir los consejos de Magneto probablemente serían los amos absolutos del Universo. Quien más cuestiona su condición es sin duda Wolverine, solitario y feroz superhéroe, quien en el camino descubrirá la verdad de su pasado.

Por su parte, el hombre murciélago fue actualizado en Batman Inicia (Batman Begins, 2005), impresionante cinta que no sólo nos coloca frente a los traumas y afectos de Bruno Díaz, sino que lo trae a nuestro mundo. Lo aterriza convenciéndonos de que un millonario con ciertas condiciones físicas puede comprar todo tipo de juguetes, armaduras y armas y convertirse en superhéroe.

Grandes logros que se deben principalmente a la buena mano de realizadores como Sam Raimi, Bryan Singer y Christopher Nolan, respectivamente, quienes han reinventado mitos y dado nueva vida y heridas a estos héroes.

Ahora llegó el turno de otro querido personaje: James Bond. Creado por Ian Fleming, la saga del agente 007 es una de las más largas y taquilleras de la historia del cine. Un espía con licencia para matar, sin súper poderes, aunque en las últimas versiones lucía bastante más irreal que el propio Hombre Araña. Basta recordar a Pierce Brosnan surfeando un aluvión en Otro Día Para Morir (Die Another Day, 2002).

Esta vez los productores han hecho volver al 007 revelando su primera misión: Casino Royale (2006) está basada en la primera novela de Ian Fleming y nos presenta al sexto actor en interpretar a Bond. Su nombre es Craig, Daniel Craig, y pese a las críticas anticipadas hay que decir que cumple a cabalidad con la tarea encomendada. Su actuación es imperturbable y calculada, pero no por ello, menos atractiva. Craig convierte a Bond en un mercenario sin conciencia capaz de las más grandes atrocidades con tal de cumplir su misión.

Sus increíbles proezas y destrezas están dosificadas de tal manera que logramos vislumbrar, como nunca antes, tanto la filosofía Bond como sus debilidades. De paso, el director Martin Campbell, quien ya había revivido la franquicia con GoldenEye (1996), nos recuerda la humanidad del personaje a cada instante. Sus constantes cicatrices y magulladuras nos lo recuerdan y su increíble muerte y resurrección nos lo afianza completamente y nos preparan para la estocada final: Bond se enamora.

Un amor que lo quiebra, al punto de hacerlo renunciar a su trabajo. Nadie lo duda, el inquebrantable Bond se ha enamorado. ¿Se nos hace extraño? Por favor ¿quién podría rechazar a la maravillosa Eva Green? Hasta el más feroz de los críticos de cine sucumbirían ante sus encantos y se dejaría llevar por parte de la cursilería que por algunos minutos destila la película. Pero es Eva Green… ¡Eva Green!... Por favor. No sólo James Bond moriría de amor por ella y se dejaría engañar tontamente. Es más, ya quisiéramos que alguien como ella se aproveche de nosotros. Una mujer simplemente maravillosa. Sin duda, una de las presencias más impactantes de Casino Royale. Su imagen sin maquillaje reflejada en el espejo no puede pasar desapercibida. ¡Imposible no suspirar!

Bond existe y además sufre. Al igual que la mayoría de héroes recientes (Batman, Spiderman, Wolverine, Superman, etc, etc) sufre por amor. Los rasguños provocados por este sentimiento son mayores que cualquier rostro ensangrentado. James Bond ahora lo sabe y sufre por amor a Eva Green. Nosotros también.

Foto 1: Nuevo 007: Daniel Craig es el nuevo James Bond. Su debut fue Casino Royale.

Foto 2: Chicas Bond: Maravillosa Eva Green y exótica Caterina Murino junto a Craig, el primer James Bond rubio.

Foto 3: Morir de Amor: Eva Green, actriz francesa de fascinante belleza interpreta a Vesper Lynd en Casino Royale, uno de los más tortuosos amores del 007.
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Infiltrado en Carrera


Justo ayer comentaba sobre Ryan Gosling , actor norteamericano de Half Nelson, y hoy mi ego no puede estar mejor en cuanto a predicciones se trata al enterarme que ha sido premiado como el actor revelación del 2006 por The National Board of Review (http://www.nbrmp.org/).

Lo de Gosling me llena de satisfacción, tanto como ver que el premio a mejor director ha ido a parar a manos del gran Martin Scorsese por su intensa dirección de Los Infiltrados (The Departed , 2006). No debería sorprendernos, en años anteriores Scorsese ha barrido con los premios, sin embargo a la hora del Oscar ha sido simplemente ignorado.

Hablamos del autor de clásicos del cine moderno como Taxi Driver, El Toro Salvaje (Raging Bull , 1980), Buenos Muchachos (Goodfellas , 1990), entre otras. Por las últimas recibió dos de las cinco nominaciones al Oscar como director (las otras dos candidaturas las tuvo en el apartado de guión adaptado). Nunca ganó. ¡Nunca!

Scorsese ha sido vencido en siete oportunidades. La primera vez lo hizo Robert Redford por una película de la cual pocos se acuerda: Gente Como Uno (Ordinary People , 1980). Se trataba del debut de Redford en la dirección, algo que parece fascinarle a la Academia. Lo cierto es que, aunque Redford ha demostrado con creces ser un gran cineasta –basta ver El Dilema (Quiz Show ow, 1994)– pocas experiencias fílmicas se comparan a El Toro Salvaje.

Ocho años más tarde la Academia le daría a Scorsese su segunda nominación. Esta vez fue un respaldo a su valentía por adaptar la polémica obra de Nikos Kazantzakis, La Última Tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ , 1988). Finalmente el Oscar fue para Barry Levinson por la correcta Cuando los Hermanos se Encuentran (Rain Man, 1988).

Dos años más tarde, una nueva injusticia. Scorsese realiza una de las más grandes obras del cine norteamericano de los noventa (mi gran favorita de esa década): Buenos Muchachos. Pero el Oscar no lo ve así y le da el premio a otro actor convertido en director: Kevin Costner por Danza con Lobos (Dances with Wolves, 1991).

Año 2003, han pasado nueve años desde su última derrota en los Oscar –por La Edad de la Inocencia (The Age of Innocence , 1993) pierde el premio al mejor guión – y el buen Marty ya entrado en años regresa seguro de que su épica Pandillas de Nueva York (Gangs of New York, 2001) le dará por fin el ansiado triunfo. Ya me toca, debió decir. El premio se lo lleva Roman Polanski por El Pianista (The Pianist, 2001). Para colmo de males, Pandillas Nueva York, que era la gran favorita con diez nominaciones, es ignorada totalmente y no consigue ninguna estatuilla dorada. Esa noche me digo a mi mismo, “yo que él nunca más regreso a una ceremonia del Oscar”.

Me equivoco dos años más tarde, demostrando tesón y gran temperamento, vuelve como gran favorito gracias a su biopic El Aviador (The Aviator, 2004). No hay manera de no ganar. Esta vez, sólo otro grande podría arrebatarle el premio. Ese grande se llama Clint Eastwood y su tremenda Golpes del Destino (Million Dollar Baby, 2004). No podemos decir nada en contra. El Oscar de Eastwood es más que merecido, pues su película es simplemente impresionante.

Esa noche vemos las cámaras tomando a un Martin Scorsese que con gran hidalguía aplaude a su colega. Mientras Leonardo DiCaprio no oculta su rostro de incomodidad. A Martin Scorsese no lo quieren, parece decir y lo mismo nos decimos nosotros.

Este año, todo indica que Scorsese vuelve. Sería su octava nominación y su sexta como director. La película es Los Infiltrados (The Departed , 2006), un notable policial dirigido con nervio y maestría, aunque su exquisita violencia puede incomodar a los conservadores miembros de la Academia. Basada en una interesante película asiática Asuntos Infernales (Mou gaan dou, 2002), Los Infiltrados nos devuelve a un Scorsese en el terreno que mejor conoce: el mundo del hampa. Grandes actuaciones, momentos soberbios y sorpresivos giros (aunque para quienes hemos visto la versión original no lo son tanto), son parte de una de las grandes películas de lo que va del año. Los premios seguramente serán una consecuencia.

Eso sí, nuevamente enfrentará a Clint Eastwood, quien compite no con una sino con dos películas: Flags of Our Fathers y Letters from Iwo Jima , esta última ganadora del premio a la mejor película del National Board of Review. ¿Hacia donde se inclinará la balanza? ¿Habrá alguna sorpresa? ¿Acudirá Scorsese a la ceremonia? ¡Qué empiecen las apuestas!

Foto 1: Los difuntos: El gran Martin Scorsese le da indicaciones a Leonardo DiCaprio y Matt Damon en una escena culminante de "Los Infiltrados"
Foto 2: Salvajes de Corazón: Scorsese con Robert De Niro durante el rodaje de la maravillosa "Toro Salvaje".
Foto 3: Mamma Mia: Ray Liotta, Joe Pesci y Robert DeNiro rodean a Catherine Scorsese, madre de Martin, en una hilarante escena de "Buenos Muchachos".
Foto 4: Contracara: Andy Lau y Tony Leung Chiu Wai en una escena de Asuntos Infernales, cinta proveniente de Hong Kong que inspira la última maravilla de Scorsese: Los Infiltrados.
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Half Gosling

Algo sucede conmigo en diciembre. Y no está vinculado al espíritu navideño. Más bien tiene que ver con el buen tío Oscar. Sí, el tío Oscar, aquel que desnudo y sosteniendo una espada define para muchos lo que es la calidad del cine mundial. Soy sincero, no para mí, pues suelo tener muchos desacuerdos con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y su famoso premio. De hecho hasta ahora me retuerso al recordar triunfos como el de "El Paciente Inglés" (The English Patient, 1996). Sin embargo, no puedo dejar de sentir nervios ante el comienzo de la carrera por el ansiado Oscar. Inicio entonces mis apreciaciones y predicciones sobre lo que se viene. Me mueve mi simpatía por tal o cual película, pues muchas de ellas, la mayoría en realidad, aún no han sido exhibidas. Así que mi sentido crítico es prácticamente nulo y la sensibilidad, o sensiblería como dirían muchos, es lo que prima.

La partida, en cuestión de menciones, nominaciones y premios, la ha dado el Independent Spirit Award (http://filmindependent.org/spiritawards/nominees/nominees.php), galardón del cine independiente que nos da algunas pistas de lo que será la próxima temporada de premios. Algo así como el Oscar del cine independiente, por lo que muchos de los films nominados llegarán en buena forma a las siguientes premiaciones. Otros serán simplemente ignorados, la mayoría de las veces, de manera injusta.


Entre las candidatas al Spirit, llama especialmente mi atención Half Nelson, debut en la dirección de Ryan Fleck, protagonizada por Ryan Gosling. Desde ya menciono que tengo una especial predilección por el trabajo de este joven actor, pese a que su presencia en pantalla probablemente haya pasado prácticamente desapercibida para algunos. Quizás por eso empiezo hablando de él, dejando para más adelante trabajos de otros veteranos actores que seguramente animarán esta temporada cinematográfica.

Recuerdo haber visto a Gosling en una convencional, pero muy emotiva cinta titulada “Duelo de Titanes” (Remember the Titans, 2000), en donde interpretó a un jugador de fútbol americano envuelto en líos racistas dentro del equipo. De su silencioso personaje se desprendía una inusitada ternura y timidez que contrastaba con la del resto del equipo y la de sus entrenadores Denzel Washington y Will Patton. Es decir, Gosling supo llamar la atención, pese a que su personaje mantenía un adecuado perfil bajo.

Su gran salto fue con “El Creyente” (The Believer, 2001), en la que interpreta a un joven neo nazi. Admito que aún no la he podido ver y no por falta de ganas, pero su trabajo llamó tanto la atención que incluso fue nominado a varios premios, incluido el Spirit. Además estuvo voceado como posible candidato al Oscar.

Al año siguiente apareció en “Cálculo Mortal” (Murder by Numbers, 2002), en la que se convertía en un siniestro y manipulador estudiante en busca del crimen perfecto, poniendo en aprietos a la detective Sandra Bullock. Un escalofriante personaje que destacó en este correcto thriller de Barbet Schroeder.


“Diario de una Pasión” (The Notebook, 2004) me confirmó el talento de Gosling. Tanto como el de la bellísima Rachel McAdams (confieso mi admiración total por ella). La película de Nick Cassavetes les permitió lucirse y convertirlos en héroes románticos, como los de antaño.

Por todo esto, no me sorprenden los halagos hacia el joven actor por su trabajo en Half Nelson. El personaje: un profesor de colegio adicto a las drogas. La película sigue su amistad con una alumna (Shareeka Epps, también considerada como candidata importante a los Spirit y a otros premios) y la manera en que su secreta adicción es develada. El argumento no sólo me resulta atractivo sino que el interés que me causa ver a Gosling en tal personaje es realmente enorme.

Si será nominado realmente es un misterio. Su juventud, acaba de cumplir 26 años, puede ser un punto en contra. Sin embargo, todo me hace pensar en que estamos no frente a una estrella hollywoodense sino frente a un actor en plena efervescencia.

Seguramente en los próximos días conoceremos con mayor exactitud como van las tendencias de premios. De hecho hoy se deben de estar dando a conocer algunos. Motivo más que suficiente para publicar más de mis arbitrarias predicciones.

Foto 1: Orgullo independiente: "Half Nelson", película independiente que anima la temporada de premios.
Foto 2: Profe drogo: Ryan Gosling, protagonista de "Half Nelson", como Dan Dunne, un profesor de escuela adicto a las drogas.
Foto 3: Giro Radical: "El Creyente", cinta en la que el joven actor interpreta a un neo nazi.
Foto 4: Noah y Allie: Gosling y la hermosa Rachel McAdams en una escena de la estupenda "Diario de una Pasión"
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Desconectados



Una de las primeras críticas a mi película Talk Show (2006) fue públicada el 3 de diciembre en el diario Perú 21 (pueden leerla en http://www.peru21.com/impreso/html/2006%2D12%2D03/imp2cultura0625927.html). El nombre del crítico es Alonso Izaguirre, a quien no tengo el placer de conocer, pero con quien me encantaría debatir. Empiezo a leer la crítica en cuestión, la cual comienza con una breve introducción sobre la comedia en el Perú y el mundo. De repente menciona a Billy Wilder... ¡BILLY WILDER! Uno de los grandes cineastas del cine norteamericano. Sin duda uno de los padres de lo que hoy es el cine, creador de tres de mis películas favoritas: Sunset Blvd. (1950), El Apartamento (The Apartment, 1960) y Una Eva y Dos Adanes (Some Like It Hot, 1959). El Sr. Izaguirre elevo la vara a lo más alto. Pienso sonriendo, que me queda a mi, un director novato y que vive en un alejado país sin industria cinematográfica llamado Perú. Espero lo peor, eso sí, con una gran sonrisa.


Sigo leyendo y encuentro el siguiente párrafo: "Hay que reconocerle a Talk Show, la comedia del director Sandro Ventura, esa capacidad de conectar con la simpatía del público desde su arranque". Algo contradictorio con otro párrafo posterior: "Pero son pedazos que parecen desconectados del conjunto (se refiere a los monólogos de la película), sólo están allí como trozos de un falso documental que irrumpen de una forma arbitraria, provocando que el interés de la historia se disperse continuamente". Entonces me pongo a pensar: ¿O la película conecta con el público desde el arranque o el interés de la historia se dispersa continuamente? Me doy cuenta que los monólogos dispersan al crítico, pero el público sigue conectado. Su risa y sus frases en medio de la película (lo percibí en las funciones a las que asistó para observarf la reacción de los espectadores). Eso me indica que el poder de concentración del público es mayor, quizás tanto como su poder de identificación con la película y sus personajes. El Sr. Izaguirre no se ha conectado, se dispersa, mientras que el público común, lo hace desde el comienzo, se engancha con agrado. ¿Entonces?, me pregunto, ¿de quién es el problema?

No me sorprende, poco antes el Sr. Izaguirre afirma de manera inexacta, y en tono burlón, que yo he dicho que Talk Show es un drama. ¿Un drama? Me sorprendo, pues no sé de donde ha sacado eso. Pienso y recuerdo que alguna vez comenté que cuando comencé a escribir el guión, lo hice pensando en crear un drama llamado Aniversario, pero que poco a poco la ironía ganó y todo se convirtió en una comedia. Se lo dije a varios medios, quienes recogieron mis palabras dentro del contexto indicado. Desde La Répública (http://www.larepublica.com.pe/content/view/131709/) hasta la revista Gisela, todos entendieron mi explicacíón. Al Sr. Izaguirre parece que le contaron o simplemente no se percató del contexto en el que dije lo que dije. A esas alturas me doy cuenta que el crítico está verdaderamente confundido.


Luego sigue arremetiendo contra los personajes de la película. Que son irreales, que no existen y que nadie en su sano juicio puede creer que ellos se puedan colar en nuestra realidad. Y lo dice con sorna. Tereso, interpretado por Miguel Torres-Bohl, y Jimena, interpretado por Fiorella Rodriguez, son lejanos para él y se convierten en sus blancos principales. ¿Y el público? El espectador común se identifica y valora, según los comentarios que nos hacen día a día, con los personajes. Sobre todo con Tereso, Jimena y Pablo, interpretado por Roger Del Aguila. Recuerdo al entonces Gerente de UIP, Hector Rosas, riendo al escuchar a Jimena hablar y comentando inmediatamente: "La esposa de un amigo es exactamente igual. Si hasta habla igualito". No hay que ir muy lejos para darnos cuenta que el mundo está plagados de Jimenas y Teresos. Si el Sr. Izaguirre no los conoce, es una pena.

Me hago otra pregunta más: ¿Será que el sr. Izaguirre no tiene calle? ¿Será que su obsesión por el cine no le permite ver la realidad y darse cuenta que ésta es aún más alucinante que la que ve diariamente en las películas? ¿Será que se encuentra encerrado dentro de un círculo de críticos y no se percata que dentro de ellos también existen muchos Teresos?

Ojala para la próxima preste atención no a las películas si no a la vida misma. ¡Porque vamos!, estos personajes existen, yo los conozco y reconozco y personas conocidas y no tan conocidas han celebrado que los retratos mostrados en Talk Show sean tan identificables. Es más, un popular entrevistador de televisión y escritor admitió estar alucinado con el personaje de Fiorella, a quien el sr. Izaguirre llama despectivamente conductora. El crítico no hizo su tarea, y no supo que la sra. Rodríguez es primero actriz y luego conductora. De hecho estudio teatro, ha hecho telenovelas y decenas de obras teatrales . Y lo principal, se encuentra en plena forma. No lo digo yo, si no actores y directores que se han acercado a ella para felicitarla y ofrecerle nuevos proyectos. Claro, a los críticos no les interesa lo que digan actores, técnicos, psicólogos periodistas y hasta cineastas. Prefieren vivir alejados y no conocer más allá de su círculo y sus películas. Error garrafal que hoy trato de subsanar buscando opiniones verdaderas y no sesgadas por el propio afán intelectual. Público normal e inteligente que es quien va en su mayoría al cine. Me vuelvo a preguntar, ¿entonces de quien es el problema?

Sigo leyendo y encuentro otro párrafo que menciona la música y afirma que "algunas composiciones de teclado suenan excesivamente descuidadas". ¿Descuidadas? Pienso lo extraordinario que es el Sr. Izaguirre, de un momento a otro pasó de la crítica de cine a la de música. Pienso: ¿sabrá de melodías, corcheas y compases como para descalificar el trabajo de un músico como Pedro Suarez-Vertiz? No entiendo nada. Me digo, todos tienen derecho a criticar, pero hay que ser un poco sensatos ¿no?

Acepto que Talk Show tiene muchísimos errores. Que hay muchas cosas que discutir, que mucho de lo que dice el artículo del sr. Izaguirre es válido y valioso. Sin embargo, agradezco a Dios que la gente se haya conectado con la película y que no esté conectada con críticas como las del Sr. Izaguirre.

Al final todo esto me causa gracia. Sé que no a todo el mundo le va a gustar mi trabajo, tanto como que cada vez más el público y la crítica se han distanciados. ¿De quien es la culpa? Mía no. En el extrajero hay críticas para todos los gustos. Cada público tiene su crítico de cabecera, a quien sigue sabiendo la conexión que hay entre ellos. Lamentablemente en el Perú sólo existe un tipo de crítica y cuando aparece alguien nuevo nunca falta alguien viejo que salta. Hablamos de veinte, treinta, cuarenta o cincuenta personas que usualmente se reunen en grupos y finalmente terminan pensando y opinando igual. Si no quieren contaminarse con los rodajes entonces tampoco deberían de contaminarse con la opinión de otros colegas. Finalmente lo que esto ocasiona es que salgan críticas en serie, iguales. Así, el público seguirá desconectado.

Particularmente no me voy a cansar de confesar que me siento satisfecho de que la película guste al público. Ellos son los que nos dan la continuidad, no los críticos. Quizás ellos crean que su importancia es vital y que bajándole el dedo a un cineasta le hacen un favor enorme al cine peruano, pero creo que lamentablemente, sí lamentablemente, la crítica de cine en el Perú se ha desgastado de tal manera que ha perdido lectores en lugar de conquistarlos.

El gran Bernardo Bertolucci dice que la mejor forma de aprender a hacer cine es haciéndolo. Lo teórico es una parte mínima. Si no filmas, no aprendes. Totalmente de acuerdo y digo con orgullo que he iniciado mi aprendizaje. ¡Que vengan las críticas!

Foto 1: El público se conecta, el crítico se desconecta.

Foto 2: Elevando la vara: El gran Billy Wilder (derecha) bromea con su actor fetiche el genial Jack Lemmon.

Foto 3: Al límite: Fiorella Rodríguez interpreta a Jimena, personaje excesivo que muchos se apresuran en tildar de caricatulesco e irreal.
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Maleteos

Pues bien. Empezó. Sí, las tan aterradoras críticas comenzaron a aparecer en los medios. Estrellas, puntos y demás empiezan a calificar cuál rey en circo romano la calidad de una obra. La víctima esta vez es Talk Show , mi ópera prima, mi debut en el cine como director, mi primera película.

Empezaré diciendo que trato de entender a la mayoría de críticos, quizás por haber estado en sus filas por algunos años, aunque soy sincero al decir que yo siempre me consideré una especie de infiltrado. Confieso además que en algún momento me dejé seducir por ese inmenso poder que te da la crítica. Bueno al menos eso creía yo o me hicieron creer, pues hoy me doy cuenta que el poder de la crítica en el Perú es cada vez menor.
Parecerá muy cómodo que lo diga ahora, pero en realidad desde que dejé de escribir, los críticos de cine se han puesto aún más "críticos". Quizás porqué después de más de seis años, han envejecido y con ellos su idea de como debe ser el cine. Es decir, se han puesto más tercos (algo que viene de la mano con la vejez) y han perdido totalmente la perspectiva, desvinculándose de su principal público: los lectores.

¿Alguien se ha preguntado alguna vez para qué sirve una crítica de cine? Yo lo hago continuamente. Se supone, y lo digo inocentemente, que la crítica sirve para guiar al cinéfilo hacia el buen cine. Entonces siguen mis interrogantes, ¿buen cine para quien? Y me vuelvo a responder: para los especialistas que ven el cine desde una perspectiva distinta. ¿Una perspectiva distinta a la de quien?. Me respondo otra vez: a la del público común y silvestre. En ese momento se jode todo. Pensemos, si el crítico tiene una perspectiva distinta a la del público como lo va a guiar adecuadamente.

Entonces ¿para que sirve la crítica si quien la lee no posee los mismos gustos, estudios y vivencias que el crítico? Mi conclusión es: La crítica no le sirve al lector común simplemente porque los críticos no escriben pensando en ellos. Y allí radica el primer error. La difusión del cine a través de la crítica debería ser justamente eso, difusión. Pero escribir para un grupito de amigos, para complacer a los demás críticos buscando su visto bueno es algo inútil. Entiendo que en los blogs se haga, pues finalmente la difusión es menor y justamente se hace para un grupo de amigos. Además, en estos blogs al haber posibilidad de réplica, éstos invitan a la polémica. Pero en un diario que se vende a nivel nacional, es algo simplemente ridículo.

Con esto estoy lapidando a la crítica ni digo que no debería existir. Por Dios, tampoco es eso. Me refiero a que la perspectiva se ha perdido completamente. Los críticos se han cerrado y muchos de ellos se han endiosado solos, incluso,criticando a nuevos críticos que no comulgan con algunas de sus ideas. La pérdida de visión es tal que incluso he leído críticas en las que se le falta el respeto al público común, tratándolo como si se tratara de una raza inferior que no tienen derecho a disfrutar del cine que suele ver.

Otras veces arremeten contra la alicaida industria del cine. Por si fuera poco con la piratería, hay críticos que la legitimizan aduciendo que es la única forma de ver cine de calidad. Recuerdo un artículo indicando donde podían los cinéfilos exigentes encontrar dvd piratas ajenas al circuito comercial.

Es verdad, no todas las películas que deberían estrenarse se estrenan, pero es mezquino no admitir un gran avance, tanto en calidad de exhibición, como en variedad de películas. Este año, además de siete películas peruanas, se han estrenado películas argentinas, tailandesas, españolas, coreanas, etc. Hay mucho que avanzar, pero se está avanzando. Entonces seguir con la cantaleta, escribiendo cómodamente desde un escritorio, me parece ilógico.


Me da la impresión que a veces olvidamos que el cine también es un negocio, del cual muchas familias viven. Dirán que eso no importa, pues la labor del crítico es dar su punto de vista con responsabilidad, sin dejarse llevar por sentimentalismos. Pero desbaratar la industria en nombre del arte es simplemente increíble. Bien por ellos, bien por su trabajo, pero un poco de perspectiva y serenidad no les vendría mal a algunos.
Además, si su real interés es hacer y difundir el buen cine, lo más lógico sería que inviertan en él. No sólo tiempo sino también dinero. Está bien si no quieren hacer películas, pues probablemente sean pocos los críticos interesados en dar el salto a la dirección, pero porque no pensar en una distribuidora alternativa. Muchos ya tienen el suficiente tiempo y contactos como para comprar películas artísticas, probablemente a un precio acequible, y así convertirse en distribuidores. Si no les alcanza el dinero, pues reúnanse los interesados en traer buen cine, hagan una "chancha" y compren una película. Comprar un DVD y exhibirlo sin mayor permiso, tengo entendido que también es ilegal, al menos eso aparece en los originales antes de empezar la película. Entonces vociferar y no hacerlo, me parece muy cómodo.

Un buen ejemplo es el Festival Elcine, organizado por el Centro Cultural de la Universidad Católica. Empezó tímidamente en medio, cómo no, de críticas. Hoy ha crecido y las críticas siguen, pese a que, en muchos aspectos, algunos poderosos críticos han metido mano y han convertido el antes Encuentro de Cine en un Festival para ellos. Amigos cinéfilos que celebraban y no se perdían el festival, hoy me comentan que las películas se les hacen menos atractivas, justamente por las sienten distantes. "Ahora sólo hay películas para lo críticos", me comentó alguna vez un amigo.

Foto 1: Maleta con patas, perfecta para el pataleo.

Foto 2: Escena de "Hipnosis Mortal" (Oldboy, 2003), impresionante cinta coreana estrenada en Lima.
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Día del cine



Día del cine. Cientos de personas en los cines. Largas colas en las boleterías. Funciones agotadas. Inmejorable escenario para quienes de una u otra forma estamos involucrados con el negocio cinematográfico. Acepto que en años anteriores preferí no ir y evitar así la acumulación de cinéfilos. Sin embargo, esta vez mi curiosidad pudo más.

No voy mentir, no fue amor al chancho si no a los chicharrones. Confieso que visité diversos complejos por mi interés de ver qué tal le iba a mi película Talk Show. Mis deseos se hicieron realidad: Lleno total. Sin embargo, junto a mi alegría de sentir a una sala repleta reír con mi película, tuve otra extraña sensacíón.

Recordé las largas colas en el cine Pacífico, cuando intenté ver a semanas de su estreno Star Wars (Star Wars, 1977), la original, la rebautizada Una Nueva Esperanza. Lamentablemente las entradas agotadas frustraron mis deseos y el de mi hermano menor. Mis padres nos cuenta que nuestros rostros de decepción eran desgarradores. Tanto que no lo pensaron mucho y enrumbamos al cine Barranco, hoy Estudio 4. Mi corazón latía angustiado, tenía "una nueva esperanza". Quizás ese día podría ver la película más comentada del momento. Finalmente conocería a Luke Skywalker, Han Solo, Chewbacca y podría discutir con mis amigos temas trascendentes como "la fuerza".

Llegamos y el cine nuevamente repleto. No quedó más remedio que acudir a la reventa. Era eso o dos niños desolados regresando a casa. Recuerdo entrar cuando la película ya había empezado. No pude ver los títulos iniciales, aquellos que han caracterizado a toda la saga. Sin embargo, aún tengo grabada en mi memoria la primera imagen que pude ver de la película: R2-D2 y C3-PO huyendo en medio de rayos laser que cruzaban de un lado a otro.

La magia empezó y todo la angustia fue simplemente parte de la anécdota. Es raro, pero no recuerdo más. Ni cuando me senté ni cuando terminó la película y menos aún mis comentarios o emociones posteriores. Juro que he tratado de recordarlo, pero no lo consigo.

Tengo una teoría para eso: La película me absorbió. Me introdujo en su magia. Así de simple e infantil. Pocas veces me ha sucedido. Recuerdo algo similar y hasta más intenso con Cazadores del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981). Claro, si ahora hago mención a Star Wars y no a la primera aventura de Indiana Jones es por una razón muy sencilla. En "Cazadores..." no hice cola.

Buenos momentos que definieron mi vocación de cineasta. Luego vinieron Alfred Hitchcock, Martin Scorsese, Charles Chaplin, Woody Allen, Ingmar Bergman, John Ford, Frank Capra. Primero estuvieron R2-D2 y C3-PO y poco después el buen Indy.

Foto 1: Colas en Larcomar durante éxitoso Día del Cine del 2006. Se exhibe "Talk Show".
Foto 2: R2-D2 y C3-PO, dos grandes influencias cinematógraficas.
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Introducción



La idea de crear un blog rondaba mi cabeza desde hace varios meses. De hecho hice dos intentos que aborté. Finalmente decidí que más allá de mi redacción a veces apurada y errática, necesitaba volver a escribir. Plasmar, a manera de catarsis, mis opiniones sobre diversos temas y hasta dar la contra a entusiastas que se apresuran en comentar mi trabajo y el de otros sin la más mínima perspectiva.



La proliferación de blogs es realmente increíble y saludable, pero en muchos casos es brindarle tribuna a personajillos (como diría con cariño el buen Flanders de los Simpsons) que vomitan sus ideas como si se tratará de dictadores que buscan lavar el cerebro a los lectores. Yo no intento hacerlo, bueno espero no hacerlo, y por eso Cabezas Huecas, que es además el título de mi próximo proyecto cinematográfico, me pareció adecuado como título de este blog. Claro, como soy un tremendo cabeza hueca, no pienso desperciar espacio y así comentaré de cuando en cuando mi nuevo proyecto. Como se dice, matar dos pájaros de un tiro.



En todo caso, quiero dejar en claro que no pretendo ser un vengador que critique a los críticos. Tampoco se trata de pelearme con todos ellos, pues a muchos los respeto y a otros tantos los considero mis amigos. Mucho menos deseo convencer a todos de que les guste lo que hago. Sin embargo, ante algunas opiniones realmente pretenciosas y absurdas es que me permito volver a escribir, sin que nadie me lo pida, aunque seguramente nadie me extrañaba en esa faceta.

Todo esto tiene que ver con el estreno de mi ópera prima Talk Show, comedia con la que busco iniciar una carrera cinematográfica que mantenga cierta continuidad. Mi idea, aunque reconozco que puede ser pretenciosa, me parece válida. Conquistar a un público que está peleado por alguna razón con el cine peruano. Jóvenes y no tan jóvenes que comentan que cada vez que hay una película peruana la miran con distancia o simplemente no la miran. Talk Show pretende a través de la identificación con los personajes atraer público y que ellos se diviertan con un humor cotidiano y con un lenguaje muy cercano a ellos. Algo que salió sin que me lo proponga y que al parecer funciona. Admito que no estoy excento de ciertas pretenciones artísticas. Por supuesto que sí, adoro y admiro el cine como arte y creo que es algo que como cineasta nunca se debe perder de vista. Sin embargo, para que la propuesta fuera coherente debía buscar que el público se identifique con los personajes. Siempre pensé que eso era lo primero y que cuanto más el espectador conociera y se viera reflejado en ellos, más fácil aceptaría el lenguaje y las situaciones. La risa sería una consecuencia de ello.

Pero vayamos por partes. Primero "comedia" para muchos es simplemente sinónimo de ligereza, de chatura intelectual, de ridiculez. A veces pienso que reírse es para muchos un atentado contra su intelecto. Claro a no ser que la risa sea provocada por una "genialidad". Entonces reírse de la cotidianeidad, explorar las cosas simples y tratar de divertirse con ella es considerado por muchos como algo simplemente estúpido y nulo. Habría que tomar en cuenta además que cada uno maneja y acepta códigos de humor distintos. Por lo tanto hacer comedia, creo yo, es una cosa realmente seria.

Recuerdo un capítulo de Los Simpson ("The Simpsons", 1989-2007) con Homero en la Universidad. Mientras los alumnos mueren de risa con un elevado comentario del profesor, Homero no se inmuta. Repentinamente al profesor se le caen unos papeles y Homero explota en carcajadas ante el silencio del resto de la clase. Claro, podemos decir que Homero es un bruto sin remedio (puede ser una lectura válida), pero también un personaje adorable, sincero y sin poses. Como dirían muchos un tipo genuino. Eso para mi es mucho más valioso. (Pueden verlo en: http://www.youtube.com/watch?v=_tQ2Y6mSKh0)

Yo defiendo la comedia en todas sus formas y estoy orgulloso que la gente se ría a carcajadas en los cines. ¿Si me interesa lo que diga la crítica? Por supuesto, el ego no me es ajeno. ¿Si me importa? En realidad, me importa más las risas del púbico, las opiniones de mis padres, familiares, amigos. Nunca quise hacer una película haciendo concesiones con el público, y eso lo pueden reafirmar los actores y técnicos, pero tampoco la hice tratando de complacer a la crítica. Esto último me parece algo mucho peor. Lo principal es ser sincero con uno mismo y hacer las cosas lo mejor que se pueda manteniendo, principalmente, la coherencia del producto.


Foto 1: Un buen chico: Impresionante radiografía del gran Homero Simpson.

Foto 2: Presentación: Actores de Talk Show posan para la prensa.
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"Para mi, el cine son cuatrocientas butacas que llenar". (Alfred Hitchcock)

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