
Mi caso es absolutamente ejemplar. Lo acepto, soy un durmiente bastante especial y mis vicios son inexplicables. Algunos voluntarios y otros involuntarios. Es ese aspecto, la paciencia de Fiore es realmente admirable. Mi rutina para dormir arranca a partir de las 11 de la noche. La de ella a las 7 de la noche. Un aproximado de cuatro horas en las que deambulo por la casa buscando que hacer. Si no estoy editando o escribiendo (algo que se puede alargar hasta pasada la medianoche) pongo una película, me preparo algo de comer o juego Playstation. Usualmente Fiore no se queja, sabe que me relaja jugar Winning Eleven, ver alguna película clásica o simplemente hacerme el chef preparando algún experimento gourmet con la comida del día.
Fiore se pone su pijama polar para contrarrestar el frío y se pone a ver series como C.S.I. Las Vegas, Bones o dibujos animados como Los Padrinos Mágicos o Los Simpsons. Yo entro y salgo. Eventualmente me quedó unos momentos. Casi llegada las 11 me meto a la cama. Fiore está a punto de dormirse. Allí llega la disfunción. Ella resiste un máximo de media hora y se duerme plácidamente.
Yo no duermo. Veo televisión por algunas horas más. Finalmente luego de zapear por series, algún DVD pendiente, un programa de entrevistas o alguna noticia, me quedo dormido. Suelo dormirme de golpe, sin darme cuenta, sin prepararme. Ocasionalmente soy muy caluroso y suelo terminar fuera de las sábanas, eso sí con una sola media. La otra se queda, pues por alguna razón misteriosa el sueño me gana antes de quitármela. Tampoco apago el televisor. Se queda prendido. Incluso me ha pasado que me duermo mientras hago zapping y al día siguiente me levanto con el canal chino.

Como mi botella de agua no falta al lado de mi cama, Fiore suele levantarse cuando me despierto con sed. Medio dormido suelo tumbar torpemente la botella. El seco sonido del golpe provoca un pequeño espasmo en ella. Le tiene miedo a los temblores y sonidos como esos suelen alertarla inmediatamente.
Pero no son las únicas veces que se despierta. Recientemente me cuenta que mis ronquidos se han incrementado. Según me dice, ella sabe que cuando tomo algo de licor no podrá dormir debido a mis ronquidos. Los acepta amorosamente. Sin embargo, le llama la atención que en los últimos días mis gruñidos nocturnos se han hecho diarios y cada vez más sonoros. ¡Juro que no estoy tomando!
Lógicamente nunca me he escuchado, pero no tengo porque dudar de Fiore. De hecho mi padre es el rey de los ronquidos, así que esto puede ser hereditario.

En todo caso, si antes me parecía algo raro, mis intensos ronquidos me han hecho cambiar de opinión y ahora no descarto la idea. Ya bastantes noches de sacrificio ha hecho mi Fiore como para seguir torturándola. Además, podría convertirse en un juego bastante interesante y divertido.
Por lo pronto trataré de buscar la forma de evitar los ronquidos: Trataré de cambiar de posición, me quitaré las dos medias, veré atentamente Dr. House a ver si encuentro una solución milagrosa.
Fiore y sus sacrificados oídos merecen que haga los mayores esfuerzos (según mis hijos mis ronquidos retumban en toda la casa así que probablemente los cuartos separados no sean una solución). Eso sí, que me deje el televisor prendido.
PD: Ayer mis cálculos renales nos despertaron a las 4 de la madrugada. A las 6 ya estaba Fiore frente al volante dispuesta a encontrar una farmacia para que me ponga una inyección que alivie el dolor. ¡Eso es amor! ¡Mil Gracias Mi Flaquita!
Foto 1: Dama en Apuros: Odiosos ruidos que asustan a cualquiera.
Foto 2: Cuartos Separados: ¿La solución para durmientes disfuncionales?
Foto 3: Gruñidos: La víctima y el victimario... los ronquidos pueden ser una verdadera tortura.
Foto 4: Mi Fiore: Paciente y dedicado angelito, torturado por sonidos impertinentes. Aquí en una sesión de fotos para una revista de belleza.
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