Es raro ver los distintos gustos de mis hijos en cuanto a películas. Podría pensarse que teniendo un padre absolutamente fanático y apasionado por el cine, es imposible que ellos vivan alejados de la pantalla grande. Pues felizmente (y lo digo no porque sea malo sino por la absoluta independencia y total seguridad que tienen de elegir) no todos son entusiastas acérrimos del séptimo arte. El cine siempre ha estado allí, pero cada uno tiene una forma distinta de acercarse a él, de disfrutarlo.
EPISODIO 1: ALAIN Y LO QUE NO LO ABURRE

Alain tiene 16 años y casi nunca, por no decir nunca, va al cine. Mientras algunos en casa nos emocionamos por la llegada a las salas de “Los Simpsons”, “El Hombre Araña 3” o “Duro de Matar 4”, Alain vive relajado pensando en su próximo partido de fútbol, su campeonato de Counter Strike, la fiesta del fin de semana o en su enamorada. Ninguna película lo perturba, ningún estreno le produce ansiedad o necesidad por correr al cine. Vive tranquilo, no se estresa. Total, después puede ver cualquier película cómodamente en casa, gracias al DVD.
No es que no le guste el cine, simplemente para él es una diversión más, como lo es jugar Playstation o hacer las más inusitadas bromas. Su acercamiento es el de un espectador en busca de entretenimiento. Le gusta reírse, divertirse. No sabe de críticas y puede dormirse con total libertad en el cine viendo “X-Men” si siente que hay momentos aburridos. Para un crítico o cinéfilo pomposamente artístico, puede ser motivo absoluto de espanto. “Por eso el cine está como está”, dirían. Pues sí, Alain es mayoría. ¿Pero eso es realmente malo? Si bien uno lamenta que la existencia y apertura de más salas de cine no haya sido proporcional a la variedad de nuestra cartelera y que el monopolio de las distribuidoras gringas sea exagerado, no podemos negar que el cine es un negocio y que las leyes de la oferta y la demanda deben ser aplicadas. No defiendo a las distribuidoras (falta poco para contar mi experiencia con una de ellas), pues sus exigencias, manipulación y coacción son cosa de todos los días. Los exhibidores "probablemente " no tengan más remedio que ceder. Sin embargo, las películas en su mayoría están hechas para el público y no para los críticos. Un público que va al cine, despojado del análisis y buscando simplemente miedo, risa o llanto. Es decir, emociones.

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