HAZME EL FAVOR...

Dos convocatorias acaban de llamar mi atención. Ambas poseen algo parecido a un slogan tan singular (por no decir barato) como ingenuo: “Ya lo saben amigos, promocionemos el cine nacional en esta pantalla con llegada a todo el mundo”, dice uno. El otro: “Háganle llegar este mail a sus amigos que deseen mostrar su arte a los demás”. Coincidentemente ambos mails provienen de negocios privados. La primera convocatoria proviene de un canal de televisión online que obviamente necesita contenidos. La otra de una pollería en busca de promoción (la convocatoria proviene del departamento de marketing de Pollos Roky’s).

Imaginemos por un momento que no nos dedicamos al tema audiovisual. A ver, a ver. Juguemos al doctorcito. Somos médicos ¿ok? Doctores como los de “Scrubs”. Sí, como los de la serie de TV que, dicho sea de paso, me encanta. Somos nuevos y claro estamos a prueba. Somos “internos” o como diríamos por acá: practicantes. Es decir, no ganamos mucho (algo se nos paga, al menos así es en la serie), pero aprendemos ¿cierto? Ahora imaginemos que después de practicar y de haber operado una y otra vez, estamos listos para seguir ascendiendo, tanto a nivel profesional como económico. Pero, ¡oh sorpresa!, nos topamos con una convocatoria de una clínica que nos dice que tenemos que operar a una serie de personas. Eso sí, todo nuestro conocimiento y talento adquirido es gratis. Es decir, ellos nos hacen el favor de conseguir pacientes para que sigamos y sigamos y sigamos practicando, mientras ellos ¡oh segunda sorpresa!, cobran por la operación y ganan cierto prestigio ante la sociedad. Y nosotros ¿acaso ya no habíamos aprendido? Bueno, digamos que no hay muchos pacientes. Imaginemos que una extraña bendición ha hecho que se reduzcan las enfermedades. Entonces la clínica nos brinda los suyos para que podamos compartir nuestro arte con el mundo. ¡Qué buenos que son!

Hacer un corto demanda un gran esfuerzo, tanto profesional como económico. Es autofinanciar nuestra propia operación y aplicar todo lo aprendido. Perfecto, hay que pagar piso, nadie dice que no. Por allí establecemos una gran diferencia con los internos, ahora doctores, de “Scrubs”. Una vez terminado el trabajo, es natural querer difundirlo, pero hacerlo sin recibir nada a cambio, cuando quien brinda "la oportunidad" sí lo hace, me parece un error. Es necesario convencer a las nuevas generaciones de que el trabajo audiovisual es una profesión. Y como cualquier otra debe ser remunerada. Ya bastante hacemos con financiar o ingeniárnoslas para realizar un corto, para que luego venga alguien que, digamos, sin darse cuenta quiera sacar provecho del asunto.

Entiendo que el mercado de la exhibición de cortometrajes sería nulo en nuestro país de no ser por esfuerzos sin fines de lucro como “La Noche de los Cortos” y que proyectos como “Nómadas” son admirables por su afán de llevar largometrajes peruanos a pueblos alejados y sin posibilidades de ver cine. Pero no confundamos las cosas. Esta bien que haya grupos o personas que traten de incentivar o sacar adelante proyectos como los mencionados. Pero de allí a que empresas o personas quieran hacerlo con una intención adicional (me refiero al aspecto económico o al de marketing y promoción), sin pagar es bastante cómodo y facilista.

Por ejemplo, si un canal, sea de Internet, cable o televisión abierta, emite un cortometraje completo, ¿no sería lo indicado pagar una regalía, aunque sea mínima, por el producto emitido? Que yo sepa ni siquiera el canal del Estado lo hace. Hasta donde sé, “El Placer de los Ojos” emite cortometrajes, adquiriendo contenido gratuito para el programa. Muchos cineastas celebran esto y aplauden al único programa que le da cabida a los cortos. ¿Pero no es bastante el facilismo de este espacio, basado en llenar una hora con imágenes de películas (muchas veces repetidas a manera de un incansable loops) mientras escuchamos largos monólogos críticos en off?

Quienes hemos trabajado en televisión, sabemos que hay que ser creativos para llenar una hora. No es fácil. Quince o veinte minutos de un cortometraje, precedidos de una claqueta de títulos, es algo absolutamente creativo y admirable. Pero ojo esa creatividad y admiración no tiene que ver con la producción del programa (que seguramente tiene un sueldo establecido) si no con el realizador del corto. No me parece justo.

El canal web pretende solicitar cortos y mostrarlos al mundo. ¿Quién gana?, pues la página web ¿o acaso me equivoco? Más contenido de interés, más visitas y seguramente más posibilidades de auspiciadores. Es decir, un incremento en su negocio. Y que mejor si no se pagan derechos o regalías. Porque acá no se habla de hacer negocio juntos. No hay una reunión de realizadores con programas de televisión o páginas web con el fin de negociar y tratar de encontrar una fórmula no muy complicada.

¿Qué pasaría si en vez de emitir cortos gratis para el mundo se trata de hacer la gestión de que una empresa auspicie el bloque o el contenido? Por ejemplo, que El Corto de “El Placer de los Ojos” sea auspiciado, digamos, por una compañía de telefonía interesada en incentivar la cultura. O de repente por una pollería. No es cuestión de pedir mucho dinero, pero sí algo básico para que el realizador pueda sentirse remunerado, sin que el canal lógicamente deje de percibir su parte. Por último si no hay plata, en televisión hay algo llamado canje (que no considero lo ideal, pero al menos es mejor que nada). Lo mismo pasa con la página o canal web. Contactos deben haber y no hay peor trámite que el que no se hace.

En el caso de la pollería Roky’s, exhibir cortos como parte de una estrategia de marketing parece adecuado y muy barato, comercialmente hablando. Comprar un proyector Sony de 2 mil lúmenes cuesta poco más de mil dólares, con ecran incluido. La inversión no es escandalosa y el rebote de prensa bastante conveniente. Además, el proyector queda o se vende luego. El contenido es gratis. Y mejor aún si pongo ciertas reglas. Digamos que el espectador es engatusado por el siempre acogedor olor del pollo a la brasa y se pide un cuarto de pollo. Ganancia, ganancia y más ganancia. Todo acompañado de promoción, promoción y más promoción. Y si les gusta el pollo, pues fidelización, fidelización y más fidelización.

Una cadena de pollerías como Roky’s no podría ser más asolapada y al menos fijar un premio. Porque ojo hasta ahora no lo hay. Sólo un certificado de participación en dicho festival y un reconocimiento especial al participante de mayor aceptación en el público. ¿Reconocimiento especial? ¿De qué reconocimiento estamos hablando? ¿Un diploma más bonito? ¿Una porción de papas fritas? ¿Dos palitos de anticucho? ¿El trofeo el Pollo de Oro? No se pasen, pues. Disculpen, pero así como están planteadas las cosas no me parece algo que incentive el cine.

Es posible que en todos los casos mencionados, la intención sea buena, pero si es así, creo que hay formas de apuntalar ese incentivo de mostrar el arte sin dejar de lado el tema de derechos o regalías. ¿O acaso cuando los cortos se exhibían en los cines, una parte de la entrada no era para los productores de éstos?

Pecando de repetitivo, acepto y admiro un esfuerzo cultural y sin fines de lucro como "La Noche de los Cortos”, pues se convierte en una buena vitrina para los jóvenes cineastas. Tanto así que la creación de un Festival dentro del mismo ciclo de exhibición se hizo inmediata y ahora es de nivel internacional. Y todo empezó con una idea personal y bien intencionada que ha logrado posicionarse. Entonces porqué una empresa consolidada (como Roky's o TV Perú) no puede hacerlo, promocionándose (estaría en su derecho), sin acomodarse a la ingenuidad de muchos jóvenes cortometrajistas. Una cosa es un concurso o una muestra al margen de una marca y otra el buscar contenido o promoción valiéndose del trabajo de otros. Así, volvemos al principio, señores: Estudiar comunicaciones, trabajar en medios audiovisuales, hacer cortos o largometrajes es un trabajo y como todo trabajo debe ser remunerado. Es urgente inculcar esto a los nuevos comunicadores audiovisuales, cineastas, productores. Así evitaríamos tantos universitarios trabajando como practicantes, sin siquiera recibir una mínima remuneración que cubra al menos sus pasajes o su almuerzo (si no me creen, pregunten cuando gana un practicante en Panamericana TV… ¿Adivinaron? pues NADA).

Acá se han acostumbrado a que todo parezca ser un favor. O sea… “como nadie quiere exhibir tu trabajo… yo sí te lo paso… pero ojo no me pidas nada a cambio… esto es un favor que yo te hago así que no te me pongas exigente”. Jóvenes hipnotizados por paladines del cine peruano, que finalmente sacan provecho, sin querer queriendo, del “trabajo” ajeno. Finalmente si alguien quiere compartir su trabajo, pues hay otros mecanismos. Júntense, interesen a un local, alquilen un proyector, pidan uno prestado, vendan su corto por Internet. Traten al menos de ganar o recuperar algo de lo invertido. Hacerlo no los va a hacer menos artistas. Por el contrario. Ganar dinero no es venderse al sistema o comercializarse, es incentivar el orgullo por nuestra profesión. Si logramos vivir de ella, produciremos más y más cortos y de allí más y más largos. Ganaremos experiencia y, ¿porque no? invertiremos de la nuestra para la creación de una industria.

Un dato adicional: Una empresa de telefonía actualmente lleva y exhibe, como parte de su campaña de marketing y promoción, películas peruanas en lugares donde no existen cines (digamos, un “Nómadas” con interés promocional). Hace un tiempo un buen amigo me comentó la idea y yo le expliqué mi posición como cineasta. Luego de varios meses, cuando el proyecto se puso en marcha, este amigo me llamó para comprar los derechos de “Talk Show” y así poder exhibirla. Sí, esta empresa compró los derechos de la película por un número determinado de exhibiciones. Otras películas peruanas también fueron adquiridas. Como ven, hacer negocio no es imposible. Que el cine sea un arte no quiere decir que se deba trabajar por amor al arte.

Foto 1: Cadena de favores: Pensar que el cine peruano depende de los favores que algunas personas nos puedan hacer, es realmente un error. Nadie dice que la ayuda es mala, pero debemos entender que el cine necesita de un soporte económico y no sólo vivir de supuestos favores.

Foto 2: Practicantes: Los enfermeros de "Scrubs", la divertida serie norteamericana, ascienden posiciones y se convierten en profesionales con una remuneración que se incrementa año a año.


Foto 3 y 4: Jóvenes talentos: Hacer un corto en el Perú demanda mucho esfuerzo. Valorar esto es tratar de recuperar lo invertido y si es posible ganar algo. Eso traería continuidad. Algo que deberían tener en cuenta tanto los cortometrajistas como las empresas que desean difundir sus trabajos en pos de alguito de promoción.


"Para mi, el cine son cuatrocientas butacas que llenar". (Alfred Hitchcock)

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